¿CRIAR PERROS ES EXPLOTACIÓN?

El dilema ético de la cría de perros: no todos los cachorros llegan al mundo de la misma manera

Cada cachorro que vemos, alguna vez nació. Parece una obviedad, pero detrás de esa simple afirmación se esconde una de las preguntas más importantes del debate sobre bienestar animal: ¿en qué condiciones vino al mundo y quién era responsable de él desde antes de nacer?

Las distintas formas en que nacen los perros

No todos los perros tienen el mismo origen. Algunos nacen en la calle, producto de animales sin hogar que se reproducen sin ningún tipo de control. Probablemente sea el escenario de mayor sufrimiento: madres desnutridas, expuestas a enfermedades, parásitos, atropellos, violencia, frío o calor extremos, que deben alimentar y proteger a sus cachorros sin ningún tipo de asistencia. Muchos de esos cachorros no sobreviven y quienes lo hacen suelen comenzar su vida en condiciones de extrema vulnerabilidad.

Otros nacen dentro de una familia que simplemente nunca esterilizó a su perra. La camada puede haber sido inesperada o buscada porque tienen un perro “de raza”, pero la realidad aparece pocas semanas después: hay que encontrar hogar para varios cachorros al mismo tiempo. En muchos casos terminan “ubicados” entre amigos, conocidos o familiares, sin evaluar si esas personas realmente estaban preparadas para asumir una responsabilidad que puede durar quince años. Son perros que con frecuencia cambian varias veces de hogar o terminan siendo abandonados cuando crecen. Si además pertenecen a una raza determinada, muchas veces son vendidos a precios muy bajos, sin selección de compradores ni seguimiento posterior, aumentando aún más el riesgo de una tenencia irresponsable. Es la principal fuente del abandono.

Existe también la cría únicamente enfocada en el lucro (que de todas formas suele ser muy magro), conocida popularmente como “fábricas de cachorros”. Allí el objetivo principal no es preservar una raza ni mejorar la salud de los animales, sino producir la mayor cantidad posible de cachorros para vender. Las hembras suelen ser explotadas reproductivamente, muchas o todas las camadas ni siquiera son registradas y la selección genética resulta secundaria o inexistente. El bienestar animal deja de ser el centro de la actividad para convertirse en un costo que reduce la rentabilidad.

Finalmente se encuentra la cría responsable, desarrollada por criadores que dedican años —y muchas veces décadas— a estudiar una línea de sangre, seleccionar reproductores, realizar controles sanitarios y genéticos, planificar cada cruza y criar a los cachorros en un ambiente controlado y socializado. Su objetivo no es simplemente producir perros, sino preservar y mejorar una raza dentro de los estándares de salud, temperamento y funcionalidad establecidos. Ningún criador serio puede garantizar la perfección absoluta, porque trabaja con seres vivos y la biología nunca ofrece certezas completas. Sin embargo, sí puede reducir considerablemente los riesgos mediante selección genética, estudios de salud y una planificación responsable. Hoy existen laboratorios especializados que permiten detectar cientos de enfermedades hereditarias antes de realizar una cruza. Entre los más reconocidos a nivel internacional se encuentran Embark Vet, Animal Genetic, Laboklin, Wisdom Panel y Orivet entre otros. En Argentina, el Laboratorio de Genética Aplicada de la Sociedad Rural Argentina realiza análisis de ADN para caninos, incluyendo perfiles genéticos, pruebas de filiación y numerosos test para enfermedades hereditarias específicas de distintas razas. Estas herramientas permiten identificar animales portadores, evitar determinadas combinaciones reproductivas y disminuir significativamente la probabilidad de transmitir patologías genéticas a las futuras generaciones. La genética moderna no elimina el riesgo —porque ningún ser vivo está exento de enfermar—, pero brinda a los criadores responsables herramientas científicas para el bienestar de los perros que hace apenas unas décadas eran impensadas.

¿De dónde nace la pasión por criar perros de raza?

Este impulso por seleccionar animales no es un fenómeno moderno ni una extravagancia contemporánea. Desde hace miles de años, el ser humano transforma la naturaleza mediante la domesticación y la selección artificial. Del lobo surgió el perro doméstico; del muflón asiático, la oveja; y de antiguas poblaciones de jabalíes euroasiáticos, el cerdo que hoy conocemos. Del mismo modo, convirtió plantas silvestres en los cultivos que alimentan al mundo y pequeñas bayas en las frutas carnosas que hoy encontramos en cualquier mercado. También seleccionó animales por sus aptitudes para el trabajo, el pastoreo, la caza, la guarda o la compañía. La domesticación, por definición, no es otra cosa que la intervención deliberada del ser humano sobre otras especies, moldeándolas generación tras generación para favorecer determinadas características.

No resulta casual que Charles Darwin dedicara buena parte de las primeras páginas de El origen de las especies a la selección realizada por criadores de animales domésticos. La observación de cómo los seres humanos lograban modificar características generación tras generación fue una de las inspiraciones que lo condujeron a formular la teoría de la evolución por selección natural. Si la selección artificial podía producir cambios profundos en relativamente pocas generaciones, la naturaleza, actuando durante millones de años, podía hacer lo mismo mediante la supervivencia diferencial de los individuos mejor adaptados.

El verdadero dilema ético.

Por eso, el verdadero dilema ético no consiste en preguntarse si deben existir perros de raza o perros mestizos, si vamos al caso, éticamente el ser humano ni siquiera debería intervenir en la reproducción. Sin embargo, esa intervención existe desde hace miles de años y dio origen al perro doméstico tal como lo conocemos. La pregunta realmente importante es otra: ¿qué tipo de reproducción queremos fomentar? Las variantes son muy limitadas: una reproducción abandonada al azar, una explotación comercial sin controles o una reproducción planificada, responsable y orientada al bienestar de los animales.

Cuando el debate se plantea de ese modo, deja de centrarse únicamente en el hecho de criar y comienza a enfocarse en aquello que realmente importa: la responsabilidad que asumimos frente a cada vida que decidimos traer al mundo.

Una crítica frecuente sostiene que los criadores “explotan perras” y “comercializan vidas”. Esa afirmación puede describir con precisión a quienes utilizan hembras como simples máquinas de producir cachorros, sin controles sanitarios ni límites reproductivos. Sin embargo, equiparar esa realidad con la cría responsable supone ignorar diferencias fundamentales. En un criadero serio, la reproducción no constituye un fin en sí mismo ni una actividad indiscriminada: cada cruza es planificada durante meses o incluso años, las hembras tienen controles veterinarios permanentes, descansan entre camadas y son retiradas de la reproducción mucho antes de que su salud pueda verse comprometida. El nacimiento de una camada representa un proyecto de selección genética y preservación de una raza, no una producción en serie.

Del mismo modo, el hecho de que a un cachorro se le asigne determinado valor monetario no significa que se esté “poniendo precio a una vida”. Lo que se remunera es el trabajo humano, el conocimiento acumulado, la inversión en salud, genética, alimentación, socialización y cuidados que hicieron posible que ese cachorro naciera en las mejores condiciones que la ciencia y la medicina veterinaria pueden ofrecer. La vida del animal no tiene precio; lo que tiene un costo es la enorme responsabilidad de criarla correctamente. En otras palabras: nadie compra una vida sino que financia el trabajo necesario para que esa vida nazca sana, equilibrada y con un futuro responsable.

Gianeth Szpunar

Estudié Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires y cuento con formación en adiestramiento canino y cinofilia. Rescato y cuido perros desde los años 90 y desde 2015 me dedico a la crianza de Pastor Blanco Suizo, con especial interés en comportamiento, bienestar y crianza responsable.